“El baloncesto europeo es más difícil que la NBA”

“El baloncesto europeo es más difícil que la NBA”

uan Diego Tello es un hombre alegre, sereno y sencillo. Llama la atención en los lugares a los que llega por sus 2,05 metros de estatura. Es fornido y saluda con amabilidad a las personas que se le acercan a pedirle fotos y autógrafos.

Muchos lo consideran como el mejor jugador de la historia del baloncesto colombiano, y ahora es el capitán de la Selección Colombia que el próximo jueves iniciará su participación en el Grupo B de la ventana clasificatoria al Mundial de la FIBA, enfrentando a México. Luego se batirán contra Estados Unidos en Barranquilla.

Tello, de 37 años de edad, habló con EL COLOMBIANO sobre su vida, el proceso para llegar a ser jugador profesional, su paso por el baloncesto europeo y los planes que tiene para su futuro.

Sus raíces están en Chocó ¿Cómo llegó a Medellín?

“Sí, mi mamá es de Puerto Nuevo, pero cuando tenía pocos meses de embarazo se fue para Medellín. Allá nací, y mientras yo crecía ella trabajó en casas de familia y luego en una empresa. Nunca me faltó nada porque hizo muchos esfuerzos. Tengo mucho que agradecerle”.

¿Cómo empezó en el baloncesto?

“Yo primero jugaba fútbol, como la mayoría de los niños, pero un día, cuando tenía 11 años, mi madre, que mide casi 1,80 metros, se encontró en la parte de atrás de un bus con don Ángel, un entrenador de baloncesto. Él le preguntó que si tenía hijos y que si eran tan altos como ella, a lo que respondió que sí. Entonces le dijo que me llevara a entrenar a la Unidad Deportiva, que me quería ver. Fuimos y así empecé”.

¿Cuánto medía en ese momento?

“Era un niño de 11 años bastante alto, medía 1,78 metros”.

¿Qué le dijo don Ángel cuando lo vio?

“El día que fui a entrenar, me miró y me dijo que iba a ser uno de los mejores jugadores del país, porque tenía el porte físico. Pero yo nunca había cogido un balón de baloncesto, entonces pensé, ‘este señor está como loco’. Además, yo tenía cero pinta de basquetbolista porque estaba gordito”.

¿Usted era talentoso para el baloncesto?

“Imagínate que me retiré a los tres meses de haber empezado, porque era malo, descoordinado y pensaba que no podía jugar este deporte, porque los compañeros que tenía eran muy buenos; se pasaban el balón por la espalda y yo no era capaz de hacerlo. Pensé que no servía para el básquet”.

¿Y entonces cómo volvió a jugar?

“Mi mamá me dijo que volviera a entrenar por diversión. De un momento a otro empecé a subir mi nivel y pensé que esta era la manera en la que podía sacar adelante a mi familia”.

¿En qué barrio de Medellín vivía?

“La primera parte de mi infancia viví en Bello, en el barrio Espíritu Santo, pero cuando tenía 13 años me gané una beca para jugar baloncesto en el colegio salesiano El Sufragio, que queda en La Candelaria y nos fuimos a vivir a Enciso El Pinal”.

Volvamos al básquet, ¿qué pasó cuando empezó a subir su nivel?

“Seguí entrenando fuerte y me destacaba. Cuando tenía 14 años me llamaron por primera vez a la Selección Colombia y fuimos a jugar un torneo internacional sub-16 en Argentina y me fue muy bien. Le metí 30 puntos a los argentinos, y llamé la atención de varios equipos profesionales. Me ofrecieron un contrato con un equipo profesional. Me pagaban 2.000 dólares mensuales, pero mi mamá no dejó que me fuera. Ella les dijo que no porque solo ofrecían un contrato deportivo y nada relacionado con estudiar. Me enojé porque las cosas no estaban bien en la casa y ella tomó esa decisión”.

¿Después de eso llegó la posibilidad de ir a Estados Unidos?

“A los pocos meses la llamó otro entrenador argentino y le ofreció la posibilidad de irme becado a estudiar y jugar básquet en Estados Unidos. Esa idea sí le sonó y me fui para allá sin hablar inglés. Acá no pasaba ni un examen de verbos”.

¿A qué ciudad llegó? ¿Cómo fue ese cambio de vida?

“Llegué a Nueva York, a estudiar en un colegio cristiano que se llama Our Savior, donde una familia que vivía en Long Island. El cambio de vida fue brusco porque ellos me exigieron que tenía primero que destacarme en el estudio para poder jugar baloncesto. También dejé a mi mamá y no la vi por dos años”.

¿Y le fue bien estudiando?

“En el colegio me fue muy bien. Terminé entre los 10 mejores de mi clase. Además, era muy bueno en el baloncesto, por lo que me llegaron propuestas de varias universidades. Yo decidí ir a la Universidad de Lousville a estudiar comunicaciones”.

¿Cómo le fue en la Universidad y por qué estudió comunicaciones?

“Se trataba de tener un plan b, y estar en la televisión. También pensaba en que uno puede trabajar en casi cualquier cosa con comunicaciones en Estados Unidos. Académicamente me fue bien y deportivamente me destaqué mucho. Cuando terminé el cuarto año de universidad decidí, junto a mi entrenador Rick Pitino, presentarme al Draft de la NBA”.

¿En qué Draft estuvo y qué pasó en él?

“En la temporada 2007-08. Entrené con ocho equipos de la NBA, pero como en la universidad tuve una seguidilla de lesiones, me dijeron que no podían invertir en mí. Eso fue una desilusión muy grande, porque luchas toda tu vida para lograr algo y lograr llegar, pero no pasó”.

¿Qué pasó después?

“Me gradué de la universidad, me vine unos meses para Colombia. Luego di el paso al baloncesto europeo. Firmé mi primer contrato con un equipo de Vic, un municipio español cerca a Barcelona. Pero el proceso para llegar allá estuvo lleno de obstáculos”.

¿Qué obstáculos tuvo que enfrentar?

“No tenía visa para entrar a España, que era necesario en ese momento, entonces hice la gestión. Fui de Medellín a Bogotá, estaba muy confiado de que me la darían, pero cuando fui a reclamarla me la negaron. No tenía plata y me tocó devolverme en bus”.

¿Pero sí se la dieron?

“Sí, a las pocas semanas llamaron del equipo a decir que era un deportista y me la dieron. Ahí comenzó mi carrera en Europa. Estuve dos años en la segunda división de España, luego pasé a la primera, me fui a Francia y llegué a Lituania. En todos los países fui campeón”.

¿Qué tan grande es la brecha entre el baloncesto de Europa y el de Estados Unidos?

“Si te soy sincero me parece que el baloncesto europeo es más difícil. La NBA es un espectáculo, pero en Europa no hay reglas como los tres segundos para defender que benefician al jugador que va atacando. Hay jugadores que han ido de Norteamérica, que allá marcaban 30 puntos por partido, y en el viejo continente, 12 o 13”.

¿Qué viene para Juan Diego Tello en el futuro?

“En lo deportivo estoy esperando ofertas de los equipos de Europa, porque aún tengo mucho para dar y estaré en los partidos de la ventana FIBA de la Selección. En lo personal, estoy trabajando en crear una marca de ropa”